Identidad nacional y globalización
Roberto González G., Doctor en Psicología Social Académico Escuela de Psicología UC
No debemos confundir el profundo sentimiento positivo hacia la nación, el patriotismo, con la tendencia a creernos superiores y desacreditar a los países vecinos que confiere el nacionalismo.
Como se ha demostrado en numerosas investigaciones, las personas buscamos pertenecer a grupos que nos provean de elementos positivos, que nos distingan y nos hagan sentir bien, tanto en el plano personal como colectivo. La identidad nacional es un aspecto esencial no sólo para los chilenos; también para los ciudadanos de todas las naciones del mundo. Sin embargo, hay que distinguir dos dimensiones que la constituyen y que marcan rumbos completamente diferentes. Por un lado, el patriotismo, que representa el sustrato emocional, la adhesión más básica de apoyo y admiración por la nación y que no supone la superioridad frente a otros países. El nacionalismo, en cambio, implica dicha superioridad y normalmente predice actitudes negativas tales como el prejuicio, la discriminación y el rechazo de miembros de otros países y grupos minoritarios.Los resultados de la Encuesta Nacional Bicentenario UC-Adimark son consistentes con los hallazgos nacionales e internacionales que revelan la alta valoración que representa la patria y sus derivados simbólicos y objetivos. No nos debe llamar entonces la atención el alto porcentaje de chilenos que valoran el patrimonio cultural e histórico o que identifican a Chile como el mejor país para vivir en América Latina. Esto no significa, sin embargo, que estos resultados sean atribuibles exclusivamente al alto nivel de patriotismo de los chilenos. Sin duda, este sentimiento de orgullo patrio también puede estar impregnado por las importantes transformaciones culturales, sociales, económicas y políticas que ha experimentado Chile en las últimas décadas, y que han llevado a nuestro país a ocupar un sitial destacado en la región. Estos elementos positivos del desarrollo del país activan justamente la comparación social con países vecinos. Y cuando nos comparamos con "otros" en dimensiones que favorecen a nuestro país, se produce una fuerte tendencia a diferenciarnos positivamente, con el consiguiente aumento de nuestro orgullo nacional.Cabe destacar, sin embargo, que el fenómeno del orgullo nacional varió significativamente por edad y nivel socioeconómico, siendo los grupos más modestos y las personas de mayor edad quienes presentan la mayor proporción de adhesión patriótica. Los jóvenes, y especialmente los de mayores recursos económicos, se muestran menos entusiastas a la hora de indicar su patriotismo, aun cuando éste es objetivamente alto. Creo que esta diferencia obedece a un tema esencialmente de expectativas y experiencias de contacto con otras culturas, fenómeno asociado a los altos niveles educacionales alcanzados por estos grupos. Es justamente en este segmento donde se observa una fuerte disposición a vivir y trabajar en cualquier país si se ofrecen buenas oportunidades.Algunos podrán sospechar una posible tensión entre patriotismo y globalización, que en el mediano plazo podría atentar contra la identidad nacional. Sin embargo, la tesis de que la globalización puede amenazar la identidad nacional parece conceptual y empíricamente difícil de sostener. Es más, la mantención de una identidad nacional y la globalización son perfectamente compatibles, y van en la línea del llamado concepto de identidades múltiples, que reafirma el valor de mantener y fomentar la diversidad cultural sin amenazar la propia identidad. Bajo este patrón, está la necesidad de lograr distintividad, la tendencia psicológica natural de las personas a mantener identidades lo suficientemente diferenciadas. Cuando la identidad se ve amenazada, normalmente se activan mecanismos de restauración por la vía de la comparación social, la movilidad y, en casos extremos, del conflicto. La globalización es perfectamente compatible con el patriotismo cuando existe un sustrato identitario nacional sólido que protege a los individuos de una pérdida de identidad. En estos términos, es posible sentirnos orgullosos de ser chilenos y al mismo tiempo valorar o reconocer la importancia de nuestras raíces latinoamericanas: mantener, por ejemplo, un sano orgullo por nuestra tradición republicana, pero maravillarnos al mismo tiempo por los siglos de civilización incaica.No debemos confundir el profundo sentimiento positivo hacia la nación, el patriotismo, con la tendencia a creernos superiores y desacreditar a los países vecinos que confiere el nacionalismo.

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