20 December 2006

Lo que Hamas, Jamás tendrá.


Hamas busca cumplir dos objetivos nítidos: Destruir el estado de Israel e imponer la doctrina islámica desde el Jordán hacia el poniente. Su principal apoyo está en gobiernos con fines similares, al menos en la fase de imposición de la doctrina del Islam en la región como Irán o Irak en otros tiempos, para ello es que Chiítas y Sunitas pueden volver a conversar.

Como grupo, inicialmente armado, revolucionario y pro-conquista, Hamas ha vertebrado una relación de amor-odio con el poder político. Luego de haber enviado al olvido a la Autoridad Palestina y más aún a la OLP la que “desapareció” junto con la muerte de Yasser Arafat. Hoy, enfrentando dos años por delante de Gobierno tras haber ganado las elecciones y convirtiéndose en el Poder legitimado al interior de Palestina, todo apuntaría a que a través de las armas de la política estatal intentarán derribar los cimientos del Estado Israelí y expandirán la fe y el cumplimiento de la ley islámica por la región.

Pero, como siempre en estos casos hacemos los occidentales desprovistos de la fe y pretendiendo huir de toda inocencia o ingenuidad, cabe preguntarse respecto a la justicia de sus objetivos y si serán éstos posibles de conseguir.

La sana crítica y el buen juicio (todavía cosas diferentes, siento) nos dirían que ambos fines son injustos. El primero la aniquilación de un Estado sólo es posible como hemos visto en la historia a través de las armas, de la anexación o la fusión con otros países, cosa que sin duda se torna difícil en una zona donde existe una fuerte identificación con el estado de Israel, más allá de las legítimas aspiraciones del pueblo palestino, hoy existe un pueblo de Israel, con acervo cultural, una historia estatal común y religión, además de legitimidad internacional, elementos que hacen casi imposible conseguir los fines de Hamas si no es por la destrucción masiva tanto de las estructuras como de las personas. El segundo objetivo, la imposición de la fe y la ley islámica tienen que ver más bien con una cuestión de fuerza moral. Pero no confundir con la fuerza o el poder de seducción que tendría este grupo a través de socialización del Islam, por lo general los seres humanos pretendemos que la imposición es una forma segura de asentamiento de nuestras ideas. Craso error. Las ideas, la fe y toda esa gran esfera del ser humano que es su intelecto y que algunos llaman alma, es un área de difícil seducción, se mantiene a salvo hasta en las más adversas condiciones, “ni con fuego en los ojos, ni con yagas en la carne” comentó Marco Aurelio sobre los cristianos, se podía borrar la fuerza de las creencias. Por ello siento que la expansión del Islam que pretende Hamas y otros grupos forzosamente se centrará en la fuerza de la ley, es decir, la imposición será a través del cumplimiento de las normas, de la observancia del Islam como cuerpo normativo y restrictivo de la vida.

Ante estos objetivos, el humanismo laico, libertario y solidario dirá no con fuego en los ojos, ni con yagas en la carne. Es cierto, el poder las ideas, de la fortaleza moral es una cuestión irreductible pero, en estos casos, como en otros que conocemos por más cercanos, a veces sucede que la latencia de una idea, de una fe, puede siempre ser sofocada con balas, humo en las casas, destrucción masiva y desapariciones forzadas.

En suma, la desaparición en estos días de un Estado se torna una cuestión casi imposible, así como la expansión confiada de una fe si no es a través de las armas y la crueldad. Jamás logrará Hamas terminar con la razón, si ese fuera su objetivo. Pero antes de ello, y en eso debemos poner cuidado, siempre se puede terminar con la vida.


Néstor Morales T.
Pública ONG

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